viernes, 19 de diciembre de 2008

En el principio no había nada, la cual explotó


En el principio no había nada, la cual explotó

Por: Titobeno

En uno de los primeros proyectos en los que trabajé en Madrid me tocó un compañero americano (estadounidense). Era un americano muy típico como he descubierto pasado el tiempo. Con una apariencia de progre mantenía la mayoría de ideas que hacen que los americanos sean tan americanos. En definitiva era un tipo que no sabía conducir coches con cambio manuales, se desesperaba porque no encontraba coches de alquiler con control de crucero, estaba fervientemente a favor de la pena de muerte y, por supuesto, defendía su derecho constitucional a disponer de varias pistolas, algún que otro rifle y un arma semi-automática para “defender a su familia”.

Pero lo que de verdad me dejo patidifuso fue el hecho de que nos comentó que él era “creacionista”. Creo que fue una de las primeras veces que yo escuché eso de “creacionismo”. No lo que significa obviamente, sino el término en sí.

Poco a poco nos iba sorprendiendo cada vez más a todos los que escuchábamos. Este hombre no sólo pensaba que Dios había creado el mundo y todas las especies tal y como eran sino que, además, le ponía fecha exacta (y sorprendentemente cercana) al acontecimiento (creo que eran unos diez mil años). En su momento ese tío me pareció un fundamentalista desfasado e imaginaba que sería raro incluso en un país tan “curioso” como Estados Unidos. Después, con el paso del tiempo he ido averiguando que no sólo era una excepción sino que en bastantes estados el creacionismo se enseña en las escuelas.

Otra cosa que me hizo bastante gracia fue el hecho de que el americano nos miraba como si fuésemos bichos raros al contarle que nosotros no nos creíamos eso de Adan y Eva o que, al menos, no nos lo tomábamos al pie de la letra. Según él, de lo poco que conocía de España, pensaba que todos éramos católicos practicantes y el catolicismo es una religión creacionista. Lo cual es, además, absolutamente cierto. Siempre me ha parecido curioso como un país tan católico, apostólico y romano como nosotros se salta las bases del catolicismo tan alegremente. Supuestamente, un católico no debería usar anticonceptivos, no debería divorciarse, por supuesto no abortar, etc…

Yo, por aquel entonces, era mucho más beligerante defendiendo mis opiniones y como no, le intentaba demostrar al tipo lo equivocado que estaba y las bondades del método científico.

Pasado el tiempo, sigo pensando que el método científico es el correcto en general, pero aparte de atemperar bastante mis ánimos he descubierto el fundamentalismo en las filas científicas. El problema del método científico es lo tirano que es. Si una regla se rompe en un solo caso ya no es una regla. Esto es tan sumamente jodido que incluso los más acérrimos defensores de la ciencia y del método se lo saltan a la torera con cierta frecuencia. Yo creo que todo tiene una explicación según reglas científicas (sean físicas, matemáticas o químicas) pero también creo firmemente que no conocemos la inmensa mayoría.

Por poner un ejemplo simple y sencillo: todos sabemos (o deberíamos saber) que el punto de congelación del agua es cero grados centígrados. Según esa regla sería imposible encontrar agua líquida a menos de cero grados. Cualquier puede hacer un sencillo experimento. Si echa unos cubitos de hielo en un vaso de agua y pone un poco de sal podrá ver como el agua llega sin dificultad a los diez o quince grados bajo cero. Este experimento se hace desde hace siglos para fabricar helado y desde hace unos años para enfriar los barriles de Cruzcampo (En Sevilla entendemos así la ciencia aplicada). Así pues, ¿es falso aquello del punto de congelación del agua?. No pero si. No es falso ya que efectivamente cero grados es el punto de congelación del agua pura pero el agua pura no existe salvo en el laboratorio (y menos mal porque es tóxica y mortal para el hombre). Lo que en realidad se produce es una reacción química con intercambio de calor de la sal al hielo que se funde y que a su vez proporciona frío al agua.

Durante mucho tiempo se ha mantenido que el agua se congela a cero grados y durante siglos se ha sabido que “a veces” no ocurría y sin embargo hasta no hace demasiado no se sabía porqué.

Algo que no mucha gente conoce es que la inmensa mayoría de la física que se estudia en los colegios, institutos y universidades no sólo no está plenamente demostrada sino que hay evidencias de que es incorrecta. Por ejemplo, la física tradicional parece que funciona perfectamente cuando se trata de calcular el tiempo que tarda el tren A en cruzarse con el tren B pero falla lamentablemente cuando intenta explicar la posición de los astros. La física de Einstein se acercó más al comportamiento planetario pero fallaba en “la distancia corta”. Algún ejemplo más: a día de hoy nadie sabe exactamente que es la carga eléctrica. Se sabe como se genera, como se transporta, su comportamiento y sus aplicaciones pero no se sabe que es.

En la medicina esto se multiplica por mucho. Con todos los avances de la medicina actual aún no se conoce la inmensa mayoría del funcionamiento del cuerpo humano y por supuesto de las enfermedades. Es una de las razones de que me guste la serie “House”. Deja bien a las claras como funciona la medicina hoy en día. Se trata de “le damos esto y si se cura es que teníamos razón, sino, es que no la teníamos”. Un día me contaron una frase a modo de razonamiento que resume la teoría de la mayoría de los estudios médicos actuales: “Las patatas fritas producen cancer de páncreas puesto que todos los que tuvieron ese cancer confesaron haber comido patatas fritas”.

Por último, y la razón de este post tan ligerito, una de las teorías científicas más comunmente aceptadas sobre la creación del universo es la teoría del Big-Bang. Haciendo un resumen muy simple podríamos decir que el Big-Bang es la teoría según la cual el universo se creo después de una explosión. El sustento físico de esta teoría es que parece ser que el universo se está expandiendo y además cada vez a más velocidad (esto se sabe por la aplicación del efecto doppler que es el efecto que hace que sepamos por el sonido si un tren se aleja o se acerca). Si cada vez nos estamos expandiendo con mayor velocidad parece que estampos aún en una tremenda explosión. Lo curioso de esta teoría es que esta perfectamente explicado todo excepto un pequeño detalle: el origen. Es decir, que era y porque existía lo que supuestamente explotó. El Big-Bang es como si vemos una onda en el agua y suponemos que fue una piedra la que lo produjo. Sólo que nadie sabe si efectivamente hubo una piedra y mucho menos como era.

Hace unos días escuche a un tipo (en un documental) defender la idea del Big-Bang con vehemencia. Todo el desarrollo estaba apoyado en pruebas más o menos científicas (no quiero pasarme de la raya pero sólo decir que hay teorías sobre la posibilidad de que la velocidad de la luz no sea constante con lo que la teoría se iría al carajo) pero lo que me llamó la atención fue cuando llegó el momento de despejar la incógnita X. ¿Qué, cómo y porqué se produjo la explosión?. Para este punto comenzaron las teorías y en este punto me acordé del americano creacionista porque al fin y al cabo hablábamos de suposiciones sin fundamento, osea, fe. Lo curioso era ver como dos o tres cientificos que poco antes hablaban sin aparente importancia de los hechos se volvían vehementes al intentar defender su propia teoría sobre que fue lo que pasó. Tal cual el americano nos intentaba convencer de cómo Dios un día dijo “Hop” y creó el mundo.

La frase que sirve de título a este post la leí hace años a un tipo que me recordaron no hace mucho en un comentario: Terry Pratchett. Como muchas de sus frases me gustó porque es una muestra de sarcasmo que de forma sorprendentemente simple deja en ridículo esa especie de superioridad intelectual que a veces se arrogan (nos arrogamos) los científicos al dar explicaciones a los sucesos. Me hizo gracia pensar la similitud que existen entre el creacionismo que se basa en la creencia de que un día un ente superior creó todo lo que existe y el Big-Bang que se basa en la creencia de que existía algo que no sabemos que fue y explotó creando todo lo que existe.

Yo ya uní una vez cuando era pequeño la teoría religiosa (Dios creo el hombre a su imagen y semejanza) y Darviniana (venimos del mono) en la sentencia de “a lo mejor Dios era un mono” y mi abuela se enfadó mucho conmigo. Lamentablemente mi abuela ya no está con nosotros pero se asustaría mucho más si le digo que en el principio estaba Dios y de pronto explotó y creó todo lo que existe.



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domingo, 9 de noviembre de 2008

Los Demasiados Libros, de Gabriel Zaid.

Los Demasiados Libros, de Gabriel Zaid.

Por: Juan Etiquetas.
Desde España. en exclusiva para Sinopsis Conocimiento Vital.




Joder cómo escriben en México...

lector tolerante: No, Juan, ya vale; te has metido con toda Argentina, con toda Francia, con todas las mujeres; con todos los cuentistas; con todos los microrrelatistas; con todos los putos poetas (ahí te doy la razón: panda mafiosos)... Pero, ¿con todo México te vas a meter, cabronzón?

juan: No, hombre, era por asustarte el mapamundi...

lector tolerante: Minus mal, que hay que hacer amigos de vez en cuando.

Los demasiados libros suena a torcedura de tobillo gramatical, lo que el señor ese del dardo en la palabra, que era, vamos a decirlo claramente, un talibán de la palabra, un pesao, un pedante y un rollo patatero (no recuerdo su nombre), llamaría un anacoluto.

Anacoluto o pajeo mutuo (que lo mismo nos da), Los demasiados libros suena fatalis para decir algo tan simple como Demasiados libros. Pero se lo perdonamos al autor, porque somos magnánimos desde nuestra superioridad intelectual y, por qué no, metropolitana.

Es un ensayo. Una cosa que me he dado cuenta con los ensayos (llevo leídos dos) es que son como las chuches; o sea, una cosa sin sustancia. Mientras lees tienes la impresión de estar recibiendo mucha información, muchas ideas, y de ir aprendiendo tus cosas. Luego cierras y dices, pero qué leí; y no sabes qué contestar.

Este ensayo va del manoseao de los libros. Me gusta mucho el tema, por lo poco que se trata o lo poco que lo leo. No habla de calidad en los libros ni de estilos ni de géneros; habla del libro como una cosa que pesa, cuesta dinero y no deja de reproducirse.

¡Hay muchos libros, cojones! Están por todas partes, como los blogs. Si Zaid cree que libros hay muchos, anda que blogs no hay... Pero en esto no se mete el mex, se queda con ideas sobre el libro, que son interesante. Una interesante: hacer un libro es barato; otra interesante: cada vez se publican más libros porque cada vez hay más universitarios, que en lugar de gustar de leer, gustan y quieren escribir. Es más: quieren escribir porque leer no es curricular (dice Zaid), nadie se vende a la sociedad por un "He leído todo Proust dos veces y mientras me daban por el culo", pero sí vende "He publicado una novela, he publicado un ensayo, gané una mierda de concurso de cuentos por sms, como Benjamín Prado". Y ahí le da bien duro Zaid a la verdad.

¿Qué es leer? Si un libro me saca de la pregunta qué es escribir y me lleva a la semilla de la pasión (o sea: a cuestionamiento de la lectura) es, sin duda, un buen libro.



¿Qué es leer? Es la verdad inexpugnable. Leer: se hace a solas, se hace para uno; es una de las pocas actividades respecto a la cual no podemos engañarnos. Podemos llevar un libro para impresionar, llevarlo en la mano, mostrarlo, pero nunca leeremos un libro entero por otra cosa que porque nos interesa.

Es una verdad acojonante.

Leer es una ceremonia de placer, no admite excusas ni obligaciones. Yo leo (no como todos esos putos novelistas que no agarran otro libro que el suyo para dar por culo leyendo en alto sus gilipolleces), y es de las pocas cosas que hago que sé que me definen, que sé que son yo.

Frente a ver la televisión, que es una actividad similar a dejarse caer por un abismo, la lectura es la decisión consciente, premeditada, de permanecer en pie y asumir la responsabilidad de estar contigo mismo.

Leer no es una droga; la droga es escribir.

Vamos, que se folla demasiado.


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Un pequeño olvido

Un pequeño olvido.

Por: Anselmo Bautista.



Sentado ahí lo observé columpiando sus pies en la banca del parque. Ese hombre pudo ser un poeta, me dije, por su ensimismamiento, su rostro perdido mirando la nada, ¿o es que había consumido alitas de ángel?

Hoy amanecí con el alma condescendiente. Ayudé a cuando cristiano ví necesitado. A la anciana le cargué su bulto de nopales hasta el mercado; al ciego le ayudé a cruzar la avenida; a la muchacha le levanté su fólder; al perro le aventé los restos de mi pay de piña; al hombre le ayudé a empujar su carcacha hacia la orilla. El caso es que me sentí como un enviado de Dios.


Quise entablar diálogo con aquella persona que pudo ser un poeta meciendo sus pies en la banca del parque, pero ya era tarde. Hacía una hora que debí comprar los zapatos que tanto le gustaron a mi purísima novia y hacía media hora que debí haber pasado por ella para llevarla a festejar su cumpleaños en algún buen restaurante. Ni pensar en llevarla a bailar a algún antro: los odia porque dice que están llenos de alcohol, humo de cigarro y libertinaje.


Regresé a mi auto, lo encendí y al cabo de unas cuadras éste dejó de funcionar. Abrí el cofre para descubrir la falla he hice lo que todo mundo hace cuando no sabe un carajo de mecánica: medí el aceite, le chequé el agua, moví los cables del distribuidor, verifiqué si aún llevaba la banda y todo con el temor de no causar un daño mayor. No descubrí nada anómalo y rogué porque alguien se acercara a ayudarme pero la gente sólo pasaba de largo en sus coches con la indiferencia al prójimo anidada de largos años.


Los ángeles ayudan a la gente, mas a éstos ¿quién los ayuda? Ya solo faltaba que me salieran alitas en la espalda. Llamé a la grúa. ¿Qué tiene tu carro?, me preguntó el mecánico en su taller. Pues de pronto se paró y ya no quiso jalar, le respondí. Le hizo un minucioso chequeo, le conectó el scanner, revisó los cables, la batería, el aceite, en fin que de pronto se quedó parado frente a mi auto, meditando, formulando su diagnóstico. Éste me va a chingar, pensé. Lo miré con insistencia como diciéndole, no se te ocurra inventar un mal que no tiene mi carrito. Me miró, y como si hubiera escuchado mi pensamiento asintió con la cabeza y luego gritó: Felipe, sácale gasolina a ese carro y échasela a éste.


Eso era todo. Un pequeño descuido. Mi carro no tenía ni gota qué quemar. Un descuido que me salió caro sólo por no pararme en una gasolinera. Llegué a casa de mi novia sin sus zapatos porque también olvidé comprarlos por andar de baboso buena onda. Ya no estaba en su casa, se había ido. ¿Con quién?


Días después seguía sin contestar mis llamadas ni recibirme en su casa seguramente molesta de no haber estado allí en su cumpleaños. Estaba angustiado, temeroso de que por un pequeño olvido pudiera perderla. Ciertamente nuestra relación tenía más declives que ascensos pero no lo suficientes como para recibir ese trato de silencio por no haber llegado a la hora de la cita. Necesitaba explicarle lo sucedido y la imposibilidad de hacerlo me llenaba de malhumor.


Un sobre anónimo llegó a mí conteniendo unas fotografías que me gritaban la falsa imagen de mi novia. Ya no sé quién le debe la explicación a quién. La siguiente imagen habla por sí sola. mi novia descansa sobre el pavimento.



Ahora me encuentro meciendo mis piernas, sentado en alguna banca de algún parque. Quizá me vuelva poeta.



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martes, 21 de octubre de 2008

Niño Prodigio.





Niño prodigio.


Por: Anselmo Bautista López.


Cuando el tío Macario, hombre culto y pedagogo citadino, le contó la historia de un señor llamado Da Vinci, Manuelito quedó maravillado del genio. Se preguntó si él mismo a sus 17 años tendría alguna facultad escondida que se revelara como prodigiosa que lo sacara de la pobreza en que vivía y lo llevara por el mundo del conocimiento y la fama.

Como desconocía a dónde acudir para descubrir su potencial le envió una carta a su tío pidiéndole consejo. El buen hombre no le supo responder pero en cambio le prometió llevarle algunos libros para que los estudiara y descubriera por sí mismo sus capacidades.

Pasó de tiempo y lo fue olvidando entregado a cortar leña y venderla en los poblados circunvecinos. Para su desgracia, su tío apareció nuevamente de visita. Esta vez con varias cajas llenas de libros. También llevaba un televisor y una reproductora de DVD con el fin de que viera una película titulada Una Mente Maravillosa, en la cual un hombre se esmera en descubrir fórmulas matemáticas y explicarlo todo a través de ellas.


Se metió tanto en el personaje que el tío Macario no supo si había hecho bien o había hecho mal a su sobrino. Manuelito quedó deslumbrado por la inteligencia del hombre de las matemáticas y mientras cortaba leña y la transportaba a otros pueblos para conseguir algo de dinero marcaba con lápiz fórmulas extrañas en la madera, en los árboles, en las piedras, como si con ello quisiera dejar mensajes de que por allí rondaba un niño prodigio soñando de que algún día se aparecería algún personaje enigmático para encargarle un servicio ultra secreto gracias a su “mente maravillosa”.


Debía estar preparado para cuando llegara ese día porque seguramente sucedería. ¿Si era bueno con el hacha porqué no lo sería en otra cosa como las matemáticas? Así que comenzó a explorar sus capacidades físicas y mentales para descubrir la ecuación, la fórmula matemática que le diera prestigio, renombre, dinero y un buen estatus social.

Desempolvó los viejos libros pedagógicos de aritmética, álgebra, trigonometría que el tío le había obsequiado. Y confirmó lo confirmado que era igual de bruto que en sus tiempos escolares pero sabía leer. Esta vez no se rindió. Repasó lo básico repitiendo religiosamente las tablas matemáticas del 1 al 10, elaborando operaciones aritméticas de suma, resta, división y multiplicación de hasta 5 cifras. Cayó en la cuenta de que su escondida habilidad prodigiosa en las matemáticas se hallaba muy pero muy escondida.


Así que se puso a buscar en otras áreas. Por ejemplo: deporte (practicó clavados cada vez de mayor altura hasta que su nariz se acható contra una piedra), Física (descubrió que otro ya había descubierto la Teoría de la Relatividad), Química (Aprendió la composición del Agua), Arquitectura (se puso a diseñar casas con papá y mamá), Contabilidad (descubrió que existe un Libro Mayor y su hermano el Libro Menor y otro que se llama del Diario, así como de la existencia de los contadores).


Trabajó manualidades de papel y barro. Reinventó la guitarra con cuerdas de liga. Escribió poemas que ni a su fiel perro Mochito le gustaron. Intentó el escapismo bajo el agua que casi le cuesta la vida. Jamás pudo leer la mente con su turbante de Kalimán ni profetizar el futuro.


Pasó a la invención. Según él inventó el columpio aerodinámico; la resortera de precisión; el trompo de cinco kilos; diseñó mapas encriptados que ni él mismo podía descifrar. Construyó unos patines de cuatro ruedas de madera que sujetó a las correas de sus huaraches y jalado por su burro, compañero de trabajo, dio tumbos sobre las piedras de la terracería. Nada causó impacto, a no ser los patines. Otro se le adelantó diseñando unas llantas de madera más grandes las cuales unió con un chasis de madera y una tabla para sentarse. Fue el primer automóvil del pueblo jalado con fuerza por los muchachos. Las pendientes eran las más interesantes. Hubo muchos accidentados y el vehículo fue abandonado poco a poco pues no era sencillo darle dirección sin un volante. Así que cual más terminaba con el hocico en la tierra y con las nalgas saludando el cielo.


Manuelito tomó ventaja de ese inconveniente y le integró un volante al artefacto y un sistema de frenos. Pero en lugar de ser aplaudido fue abucheado por plagio. No le importó. De cualquier modo le verían montado en su carrito jalado por el “Capiche” su leal burro, lo cual le ahorraba largas y cansadas caminatas vendiendo leña. Tenía presente que debía superar ese invento cuanto antes o el hombre enigmático no vendría por él sino por su competencia.


Inventó una pistola de pólvora con armazón de madera, cañón de tubo de cobre y una mecha incrustada en un pequeño orificio. Después de probarla varias veces decidió por fin darla a conocer. Consiguió pólvora y deshiló un mecate. Ese día estaba emocionado. Ahora sí tenía un gran futuro económico al diseñar un arma económica que después perfeccionaría para patentarla.


Invitó a sus amigos como testigos. Cargó el cañón con pólvora, le apisonó hilos de mecate. Todo medido y calculado. Le dejó caer un balín de bicicleta vieja al fondo del cañón, le volvió a meter pólvora y otra vez mecate que apisonó bastante bien. Finalmente le colocó la mecha sacada de alguna vela. Todos se hicieron a un lado menos el inventor y su más cercano amigo que encendería la mecha con un cerillo.


Estaban a punto de ver la efectividad del arma. La mecha encendió. El ayudante se retiró y se tapó los oídos. Manuel sujetó la pistola con el brazo extendido, su otra mano la colocó en su cintura, abrió las piernas, una delante de la otra. Hizo, sin darse cuenta, la misma pose que su abuelo hacía en alguna vieja fotografía apuntando con una pistola.


Todo ocurrió en un segundo cuando el fuego llegó a la pólvora. El arma explotó en la mano de Manuel, el cañón salió por los aires y el balín se clavó en la pierna de uno de los testigos. Manuel cayó al suelo con su mano ensangrentada por incrustaciones de madera. Después de ese evento, se rindió en la búsqueda de sus cualidades prodigiosas.


Tomó su bitácora donde describía paso a paso cómo fue llegando a cada uno de sus descubrimientos o inventos y la aventó en un rincón de su cuarto imponiéndose asimismo ser práctico y olvidarse de sacar sus ocultas habilidades prodigiosas.


Meses después descubrió su bitácora. Repasó sus líneas. Meditó largo rato. Sí, ¿por qué no? Haría un ensayo científico el cual titularía: Cómo saber si su hijo es un Niño Prodigio. Métodos efectivos.


Aquí reproduzco fielmente los dos únicos métodos y la advertencia que compone el complejo ensayo que a detalle elaboró Manuelito:


Método Primero del Agua:

Desnude a su hijo. Sujétele pies y manos con una reata y láncelo en la parte más profunda del río. Espere dos minutos. Es importante que el padre se mantenga en estado relajado o podría echar a perder la prueba. Pasados los dos minutos saque al niño del agua. Si ve que no se mueve ni responde a estímulos es que su hijo no es un niño prodigio.



Método Segundo del fuego:

Hierva en un recipiente suficiente agua (recuerde hervirla a 100 grados porque a 90 grados sólo hierven los ángulos rectos). Introduzca con cuidado y completamente al niño durante diez minutos. Puede ser que queme un poco. Si su hijo sonríe es que es un niño prodigio. Si no sonríe, espere el segundo hervor. Si aún sigue sin sonreír es que aparte de no ser un niño prodigio, tampoco tiene sentido del humor.



¡ADVERTENCIA!

Estos dos métodos tienen una efectividad 100% comprobada. Sólo que ambas pruebas tienen un pequeño inconveniente. Independientemente del resultado, el niño no servirá para nada después del test.


Un saludote a todos.


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lunes, 20 de octubre de 2008

Amor perdido




CORAZÓN PERDIDO.
Anselmo Bautista 1999.

Te amo y no sabes cuánto te extraño.

Me voy para ver si la distancia puede borrar

Lo que el tiempo no logró en tanto años.


Vives en mí como antaño. ¡No puedo negarlo!

Subo y bajo. Voy y vengo. Solo en ti pensando.

Sinsabores del alma. ¿Quién puede soportarlo?


Sentimientos tan diversos van pisando.

Como fantasmas, mis talones, tus recuerdos.

Hoy yo solo, triste; tú alegre, disfrutando.

No reprocho tus sonrisas. Tus alegrías, menos.


No voy buscando fortuna, solo busco un consuelo.

La casualidad quiera, algún día, nos encontremos.

...tal vez, nunca lo haremos.


Quizás con el tiempo nos volvamos enemigos.

Pero nuestros días quedarán en el recuerdo.

Glorificando los momentos que pasé contigo.


Fuimos dos alborozados pasajeros de la nave.

Auguraba presentarse a su destino.

Naufragamos en las olas. ¡Traicioneros mares!

Alejándonos por distantes caminos.


Guardar respeto al azar, eso bien vale.

Así te conocí, bajo un sol desconocido.

¡Cuánto quisiera acabar con mis males!

Duendes sin tregua, que sin ti no consigo.


Si llegase la oquedad a tu alma por las calles.

En algún lugar del mundo, créeme, yo no te olvido.

Mas, si por amarte herí tu corazón con desaires.

¿Hay algo más inconsolable que un amor perdido?




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